Multimed 2014; 18(1)
Enero-Marzo
La
construcción de valores y la integralidad estudiantil: un desafío en la
educación médica superior
Construction of values and student integrity: a
challenge in superior medical education
Rafael C. Izaguirre Remón; 1 Luis Antonio Algas Hechavarría.2
1- Licenciado
en Educación, especialidad Historia y Ciencias Sociales. Doctor en Ciencias
Pedagógicas. Máster en Ciencias Pedagógicas. Universidad de Ciencias Médicas de
Granma. Profesor Titular.E-mail: izag@ucm.grm.sld.cu
2-
Licenciado en Educación, especialidad Inglés, Diplomado en Gestión de
Información y Gerencia en Salud, Máster en Docencia Universitaria. Centro
Provincial de Información de Ciencias Médicas. Asistente.
RESUMEN
Se caracterizó la construcción de
valores desde cinco tesis que exponen el papel de la integralidad como
condición a alcanzar en el egresado, por medio de la labor educativa en los
procesos universitarios de la educación médica superior cubana.
Descriptores DeCS: EDUCACIÓN
SUPERIOR; EDUCACIÓN MÉDICA /ética; ESCUELAS MÉDICAS /ética; ÉTICA PROFESIONAL
/educación. ABSTRACT
It was
characterized the construction of values from five theses that expose the role
of integrity as a condition to be achieved in graduates, through the
educational work in university processes of the superior medical education in
Cuba.
Subject headings: HIGHER EDUCATION; MEDICAL EDUCATION /ethics; MEDICAL
SCHOOLS /ethics; PROFESSIONAL ETHICS /education
INTRODUCCIÓN
Los fundamentos para
la formación de los profesionales en la contemporaneidad establecen la
necesidad de facilitar que el estudiante aprenda
a aprender, aprenda a hacer, aprenda a ser y aprenda a convivir, según
declara el Informe Delors. 1 Ello significa que el estudiante que se forma
aprenda a actuar como un profesional de su tiempo, pertrechado de los valores y
modos de actuación que caracterizan su papel socio-transformador.
En consecuencia, la educación superior cubana
asume la formación integral de la personalidad profesional como el resultado
más significativo de la preparación científico-técnica de sus egresados, lo que
incluye una perspectiva ético-axiológica que califique el compromiso del
profesional con su tiempo y su proyecto social. Ello alcanza resonancias
mayores cuando se trata de formar el profesional de la salud, por su compromiso
humanista con la floración de la vida y la atención a procesos que comprometen
el bienestar y la calidad de la existencia humana.
El sistema de trabajo de las universidades de
ciencias médicas dirige las influencias formativas al propósito de lograr
egresados integrales en su calidad científica, humana y revolucionaria, para lo
cual se conciben acciones integrales en cada escenario formativo, sin embargo,
al valorar los resultados que se alcanzan, la
realidad en
la formación expresa:
-
La existencia de
tendencias hacia el academicismo o el voluntarismo ocasional en relación con la
condición de integralidad, más que un resultado obtenido desde una plataforma consciente
de comprensión de qué significa ser un estudiante integral.
-
la insuficiencia de
los proyectos educativos personales, grupales e institucionales para ofrecer
una perspectiva funcional de la integralidad como proceso y resultado de la asunción
consciente de los valores socioprofesionales.
Lo anterior expresa un reto formativo en
materia de construcción de valores: ¿cómo re-significar el papel que juega la integralidad
como eje articulador del proyecto formativo en la universidad de ciencias médicas?
En torno a estas cuestiones se
adelantan tesis que siguen una idea rectora: la integralidad es el resultado de la construcción consciente de
valores y modos de actuación en la personalidad del profesional.
En consecuencia, se ejecuta un estudio
teórico-praxiológico que tiene como objetivo caracterizar el proceso de construcción de valores desde la labor
educativa en la educación médica superior, sustentado en la experiencia de universidad
de ciencias médicas como entidad formadora de recursos humanos profesionales. No se pretende que las tesis sustentadas en
el estudio sean acabadas y completas; solo se aspira a que funcionen como
provocación intelectual para generar un debate que enriquezca el sentido de la labor
educativa en las universidades de ciencias médicas.
DESARROLLO
La axiología, en tanto
disciplina filosófica, ofrece una base cosmovisiva que posee una trascendencia
teórica de gran significación para el estudio de los valores. Desde su
contenido científico podemos asumir que los valores son una parte importante de
la vida espiritual e ideológica de la sociedad y del mundo interno de los
individuos, al emerger como un producto de la conciencia (social e individual)
y existir en unidad y diferencia con los antivalores.
En tal sentido, a toda
sociedad le es inherente un sistema de valores entre los que se destacan los
valores políticos, jurídicos, morales, estéticos, religiosos, filosóficos y
científicos. Cada uno de los valores es una expresión específica de las condiciones
económico-sociales y clasistas de una época histórico-concreta, en su
dialéctica con el contenido humano universal que estos encierran, según define
Gallardo López. 2
Un modelo para la
conceptualización de los valores, desde la propuesta de Fabelo Corzo, permite
comprender que el valor es la capacidad que poseen determinados objetos y
fenómenos de la realidad objetiva de satisfacer alguna necesidad humana; es
decir, la determinación social de estos objetos y fenómenos, consistente en su
función de servir a la actividad práctica del hombre. Concebidos desde tres
planos, los valores se estudian desde su plasmación en un sistema objetivo de
valores, una diversidad de sistemas subjetivos y un sistema socialmente
instituido. 3
En el primero se considera que
los valores son parte constitutiva de la propia realidad social; es decir, que
cada objeto, fenómeno, conducta, cada resultado de la actividad humana desempeña
una determinada función en la sociedad, facilita o dificulta su desarrollo y
adquiere una u otra significación social.
En el segundo plano de
análisis se expresa la forma en que esa significación social (valor objetivo)
es reflejada en la conciencia del hombre o de la colectividad, lo que tiene
como consecuencia que cada persona o colectivo social conforma su propio
sistema subjetivo de valores (escala de valor individual). Mientras que en el
tercer plano se señala que toda sociedad debe organizarse y funcionar alrededor
de un sistema de valores instituidos y reconocidos oficialmente por constituir
el resultado de las aspiraciones y de las escalas subjetivas existentes. De él
emanan la ideología oficial, la política interna y externa, las normas
jurídicas, el derecho, la educación, etc. Este sistema, al igual que los valores subjetivos, puede tener un mayor
o menor grado de correspondencia con los valores objetivos.
Resulta entonces que la
relación dialéctica de los tres sistemas de valores: objetivo – subjetivo – sociales, que emerge con ajuste a la
tendencia progresiva del desarrollo social, es la clave para comprender que:
-
el carácter objetivo de los valores no significa un reflejo idéntico de
estos por todos los seres humanos.
-
el reflejo en la conciencia de los hombres de la significación que
poseen para ellos los objetos y fenómenos de la realidad, lo cual se llama
“valoración”, depende del lugar de cada persona en el sistema de relaciones
sociales, de sus necesidades o intereses.
-
ese sistema de valores subjetivos puede corresponderse o no con los de
la sociedad en su conjunto.
En el
proceso de construcción de los valores hay que ubicar en el centro al hombre
como género, tipificando como en él convergen las relaciones entre lo objetivo
y lo subjetivo y entre lo individual y lo social.
Gallardo López fundamenta que
la dialéctica de lo objetivo y lo
subjetivo se explica en que la naturaleza espiritual e ideológica de los
valores expresa en forma de concepciones, sentimientos, puntos de vistas,
ideales, cualidades y actitudes, las condiciones objetivas en que viven las
personas. Son una manifestación subjetiva (construcción interna en forma de principios, normas, escalas de valores,
convicciones) de las condiciones materiales de su existencia (situación
socioeconómica, de vida, posición de clase) las que generan en el individuo
necesidades, intereses, motivos e intenciones de sus relaciones, de su
actuación y en buena medida aportan el matiz de la significación social
positiva o negativa que tienen los fenómenos de la sociedad para el propio individuo. 2
En el proceso de construcción
de los valores en la conciencia del individuo convergen la influencia por un
lado de los valores objetivos de la realidad con sus constantes dictados
prácticos y por el otro de los valores institucionalizados que le llegan en
forma de discurso ideológico, político, pedagógico, etc. Estas influencias
formativas se realizan a través de diferentes mediaciones: la familia, la
escuela, el barrio, los colectivos laborales, la cultura artística, los medios
de comunicación, las organizaciones sociales. Es por ello que los valores se forman en el proceso de socialización bajo
la influencia de diversos factores.
Resulta de gran significación
comprender que la clave para cualquier trabajo de educación en valores a través
de cualquiera de las mediaciones antes mencionadas está en la formación de una
alta conciencia valorativa (plano subjetivo); pero para ello es necesario la
armonía y consecuencia entre el discurso político y
la práctica revolucionaria, entre los valores reconocidos e instituidos
oficialmente y la realidad social. Porque si ocurre una ruptura significativa
entre los sistemas de valores pertenecientes a los tres planos: valores objetivos de la realidad – valores
socialmente instituidos y los valores de
la conciencia, se produce una crisis de valores.
La teoría de los valores,
desde su asunción pedagógica, precisa igualmente de la comprensión de que los valores no existen como
abstracciones fuera del individuo; es decir, que la existencia del valor está
en la individualidad, es a través de la persona concreta que lo forma y
desarrolla a través de su historia personal que se construye el significado de
un valor y se le atribuye sentido. Por tanto, no puede haber valores expresados
en el lenguaje de otros; sino contenidos valorativos asumidos, pero expresados
en la forma individual de ver los acontecimientos, que permite diferenciar a unos hombres de
otros como entes únicos e irrepetibles. Es por ello que dos personas pueden
realizar una misma actividad y estar impulsados por valores diferentes; por
ejemplo: dos estudiantes pueden realizar esfuerzos similares por asimilar los
contenidos necesarios para ser un buen profesional, pero uno puede hacerlo
porque se siente identificado con la profesión, aprecia su función social y
otro porque esa profesión puede darle beneficios económicos, prestigio social y
otras ventajas.
Una clave para asumir desde la
didáctica el trabajo con la construcción de valores como proceso complejo,
dialéctico y holístico, radica en la comprensión del carácter integrador de la
configuración subjetiva de los valores en la personalidad, que se asume desde
la relación sistémica de lo cognitivo y lo afectivo-volitivo.
Lo cognitivo se asume bajo la forma de concepción del mundo, cultura
de la época, normas morales vigentes que sustancian el contenido de los
valores. Implica identificarlos en actos de la vida cotidiana, argumentar,
explicar, analizar; lo que para Álvarez se denomina “conceptualizar” y es
esencial para cualquier proceso formativo pues nadie puede darle significado a
aquello que no conoce. 4
Lo afectivo-volitivo asumido como sentimientos, emociones,
motivos y voluntad permite apreciar cómo en la formación de valores confluyen
las emociones y reflexiones que el sujeto experimenta en sus relaciones con los
otros, en tanto expresión emocional de los valores. El sujeto comienza a seguir
de forma intencional el proceso y empieza así su intento de construirlo y
seguirlo conscientemente, lo que conduce a una respuesta en el plano de la
conducta.
Esta integración, desde lo psicológico, nos permite comprender que el valor puede manifestarse en toda la estructura
de las formaciones psicológicas de la personalidad: el carácter, las
convicciones y las capacidades, en tanto expresiones de la actuación humana.
En la
construcción de los valores hay que tomar en cuenta que la personalidad del sujeto
integra lo racional y lo emocional, lo cognitivo y lo afectivo, como expresión
de la unidad de la inteligencia y los sentimientos humanos. Cada ser humano
interioriza aquello que satisface sus necesidades personales y, sobre esta base,
posee intereses (que funcionan como las necesidades hechas conciencia), forma
convicciones, precisa sus aspiraciones futuras y llega a analizar las
posibilidades que tiene de alcanzarlas: así se manifiestan los valores de
acuerdo al criterio de Gallardo López. 2
En el
terreno de la praxis, el valor se expresa en las actitudes, en ser un modelo para quien
interactúa con uno. No son inmutables ni absolutos, su contenido puede
modificarse por circunstancias cambiantes y pueden expresarse de manera
diferente en condiciones concretas también diferentes.
En clave psicopedagógica y didáctica, la construcción de la configuración del valor en la personalidad, así
como su representación consciente, se desarrolla en la comunicación del sujeto
con los distintos sistemas de relaciones. Lo anterior justifica que el tema
valores sea consustancial al tema de la comunicación: toda vez que nos
comunicamos expresamos la exigencia de crear un espacio para compartir
necesidades, reflexiones y hasta errores; porque comunicar no es convencer, es
ubicar a alguien en el espacio de nuestra reflexión a través de sus posiciones. En el proceso de la actividad humana (productiva, intelectual, artística,
deportiva...), en permanente comunicación social, surgen en el ser humano
necesidades materiales y espirituales, que al concretarse en objetos materiales
y espirituales que las satisfacen, se convierten en valores.
Un
problema importante es el de la regulación de los valores a nivel psicológico,
que en tanto proceso se instaura de dos modos: “formal” que regula el
comportamiento bajo presión o control externo y “personalizada” como expresión
auténtica del sujeto que los asume. Alcanzar una autorregulación personalizada
de los valores es la aspiración que preside todo proceso formativo en el ámbito
universitario, como recurso para consolidar emociones, estimular la identidad,
provocar el debate y mover las fibras afectivas.
Es por ello que, a nivel de individuo, las orientaciones valorativas son componentes importantes
de la estructura de la personalidad y es el valor hecho consciente y estable
para el sujeto que valora lo que le permite actuar con un criterio de evaluación,
revelando el sentir que tienen los objetos y fenómenos de la realidad para él,
hasta ordenarlos jerárquicamente por su importancia, para conformar la escala
de valores a la que se subordina su actitud ante la vida. En la medida
en que los seres humanos se socializan y la personalidad se regula de modo
consciente, se va estructurando una jerarquía de valores que se va haciendo
estable; aunque puede variar en las distintas etapas de desarrollo y
situaciones concretas por las que trascurre su vida.
Lo
anterior justifica una necesidad pedagógica de primer orden: en la formación
profesional la construcción de los valores define la consolidación social que
alcancen éstos en su relación con los modos de actuación del egresado en su
desempeño futuro, lo que implica que la labor educativa esté en el centro de
toda gestión universitaria. De ahí que la orientación del trabajo formativo con
la construcción de valores en la educación superior revista de singular
importancia, por razones como:
1.
Su
ajuste a las necesidades de los modos de actuación del profesional, de
conformidad con el modelo del profesional que signa los imperativos de la
carrera.
2.
La
necesidad de asumirlos como expresión consciente de la personalidad profesional
a que se aspira, desde la pertinencia, flexibilidad y trascendencia como
indicadores modales.
3.
La
integración de los múltiples componentes que actúan en función del carácter
consciente, holístico y dialéctico de esta formación.
4.
Su
fusión desde lo cognitivo, procedimental y actitudinal en los saberes y la
conducta del profesional.
El
resultado de este proceso de construcción de valores solo puede ser alcanzado
mediante la organización de un trabajo sistémico que
regule las diversas influencias formativas asociadas a la profesión, desde la
integralidad de la labor educativa en la universidad, definida por Baxter como
el proceso conscientemente organizado, dirigido y
sistematizado sobre la base de una concepción pedagógica determinada, que tiene
como propósito esencial la formación integral de los educandos. 5
En este sentido es conveniente
esclarecer que si el trabajo formativo se asume como dimensión social de las
influencias clasistas para la regulación del proceso de construcción de valores
en la sociedad, la labor educativa universitaria funciona como dimensión
pedagógica de su esencia formativa, concentrando en el ámbito educacional la
operacionalización de todo tipo de actividad para la formación integral de la
personalidad del profesional en formación.
Si se considera la integración de toda
la gestión formativa en la labor educativa, se comprende que en la institución
de educación superior no son necesarios los diversos planes y estrategias que
en la actualidad se diseñan sino que solo se precisa cohesionar todas las
acciones en función de la labor educativa
integral, como expresión sistémica del trabajo formativo con toda la
comunidad universitaria, en especial con sus estudiantes, para lo cual resultan
válidas las tesis que apuntan hacia la integralidad del egresado como expresión
sistémica de los valores asumidos desde su proyecto de vida y su articulación
con el proyecto social.
En esta clave de sintonía e
integración, el problema de la integralidad
de la personalidad profesional se convierte, entonces, en el desafío
didáctico-pedagógico a resolver en la construcción de los valores en la
educación superior.
Concebir y estudiar la integralidad
profesional como constructo didáctico de naturaleza psicopedagógica deviene en
problema epistemológico central de los valores en la universidad contemporánea.
Ello sustenta la necesidad de estudiar –desde una clave cubana- cómo trabajar
para dirigir de forma coherente todas las influencias formativas que se
articulan en torno a su construcción en los procesos universitarios.
Desde la experticia acumulada en la
dirección de los procesos universitarios de la educación médica superior
cubana, los autores de este trabajo formulan tesis para emprender la aventura
cósmica de su construcción, en los marcos de lo que el Che Guevara, paradigma
de profesional revolucionario en la salud pública, denominara “…un alucinante viaje del yo al nosotros”. 6
Al decir
del Diccionario de la Real Academia Española, tesis (del latín thesis, y este del griego
θέσις) es: conclusión, proposición que se mantiene con razonamientos;
opinión de alguien sobre algo; disertación escrita que
presenta a la universidad el aspirante al título de doctor en una facultad. 7
Siguiendo la clave semántica de una tesis como
opinión propositiva, se formulan cinco de ellas con la pretensión de que estimulen la reflexión sobre el tema
de la relación integralidad-valores, actuando como provocación intelectual que
permita un ejercicio de pensamiento que aporte al perfeccionamiento del trabajo
con los valores en la educación médica superior cubana.
Primera tesis: la integralidad es un factor
que no puede obviarse al concebir el proceso docente educativo con una
orientación en los valores.
A los efectos de este trabajo, se entiende integralidad como
cualidad de integral, término que proviene del
bajo latín integrālis, que significa global, total; dicho de cada una de
las partes de un todo; que entra en su composición sin serle esencial, de
manera que el todo puede subsistir, aunque incompleto, sin ella.
En la
estrategia integral para la labor educativa se asume como proceso, condición y resultado que expresa la formación de la personalidad profesional desde
los principios de pertinencia, flexibilidad y trascendencia de su papel y
misión social.
En este sentido, consideramos como bases de un proceso formativo que
promueva la integralidad las siguientes:
-
Orientación cosmovisiva, centrada en la capacidad de contribuir a la consolidación de la
concepción dialéctico materialista del mundo, a través de sus características
en el proceso salud-enfermedad-cuidados humanos y su impacto en los
conocimientos y la praxis de la ciencia y la profesión
-
Cientificidad, desde un enfoque basado en
los métodos propios de las ciencias y profesiones de la salud, en especial los
métodos clínico-epidemiológico, de atención de enfermería, tecnológico, de
apoyo psicológico, de solución de problemas y estudio de casos.
-
Orientación instrumental, sustentada en la construcción de los modos de actuación profesionales.
-
Capacidad axiológica, para transformar la personalidad profesional desde sólidos y coherentes
valores centrados desde el humanismo en las cualidades de una personalidad
sociocomprometida y activa.
-
Atención a la
diversidad personológica, para fomentar en cada caso el respeto por la individualidad, la
dignidad humana y su sentido socializador.
-
Fortaleza
comunicacional, para establecer la permanencia de los valores mediante el diálogo de
saberes y prácticas socioprofesionales.
Es por ello que entendemos que la formación integral del profesional tiene siempre un sustrato educativo que
substancia su modo peculiar de construir y expresar cultura, desde la
universalidad de los presupuestos que la conforman, los que devienen competencias básicas para toda la vida, cuya
construcción y asunción consciente por parte de cada estudiante se convierte en
la clave de una futura conducta socioprofesional ajustada a las exigencias de
su tiempo.
Segunda tesis: la preparación cultural que posea un profesional es
un componente esencial de su integralidad y manifestación de sus valores.
La preparación cultural aporta al profesional elementos de importancia crucial en
la orientación, sentido y capacidad de toda su actuación humana.
Si asumimos que la
preparación cultural expresa la forma en que la configuración didáctica contenido revela el modo en que la
cultura humana se traduce en cultura de la profesión y preparación para su
ejercicio social comprometido, entonces ella se pone de manifiesto en aspectos
como:
1.
Orientación
social comprometida, que hace de la preparación del profesional, de la construcción de sus
competencias y de su futuro desempeño, un ejercicio de vocación social, desde
su participación ciudadana, su compromiso social y revolucionario y su
capacidad de expresar la pertinencia social de su formación.
2.
Sistema de
conocimientos pertinente, capaz de expresar desde lo cognitivo, lo procedimental y lo actitudinal todo lo que el futuro profesional
integra en su capital inteligente como activo para cumplir su misión social con
el máximo de pertinencia y calidad.
3.
Clara postura científica y humana, que dota al ejercicio de la profesión no
solo de un sentido científico-técnico, sino de una dimensión profundamente
humanista y comprometida.
4.
Sentido de
legitimidad social al trabajo, al convertirse en agente socializador y
transformador de las comunidades en que labora, bajo la égida de la
intersectorialidad y la participación comunitaria como claves del
funcionamiento de la filosofía y la política cubanas de salud.
En este sentido, la cultura se expresa
en la combinación armónica de la instrucción científica, la educación personal
y la competencia profesional en la formación integral de la personalidad, la
cual revela el alcance de una libertad personal y socioprofesional para actuar
como agente transformador de la realidad, en un sentido de promotor de la
cultura de la salud y la cultura humana como compendio de actuaciones y
realizaciones del hombre, según la clave martiana. 8
Tercera tesis: la construcción de la integralidad es un arma
insuficientemente empleada en la formación de los profesionales y ello expresa
una demanda valorativa.
La preparación
integral se asume de modo formal y no como la asunción consciente y creadora
del modo en que se comprende el papel de vanguardia socioprofesional que se espera de un
estudiante integral, que actúa en consecuencia.
La estructuración
curricular de acciones que favorezcan la formación integral, por sí sola no
resuelve el problema de preparar al profesional para actuar con su tiempo.
Más que un curso,
proyecto o sistema de atención, sirve combinar el trabajo autodidacta
relacionado con la comprensión y el esfuerzo de formación personal que cada
estudiante sea capaz de establecerse a sí mismo, con el fomento de modos
creativos de propiciar influencias formativas integradoras que favorezcan la
construcción de valores socioprofesionales y sedimenten la ruta de la
conversión del conocimiento en convicción, la convicción en conducta y la
conducta en actuación cotidiana.
Este proceso debe partir de una
previsión científica en la organización de acciones educativas, que deben
articularse con un sentido dialéctico en función de ocupar cada espacio
formativo, de modo dinámico y creativo, para movilizar los recursos cognitivo-afectivos
que hagan productiva la labor educativa centrada en las expectativas y
necesidades de la comunidad universitaria.
Lo indica la necesidad de fortalecer el sistema de trabajo sobre la base de:
-
El estudio de
documentos rectores para esclarecer su sentido y propiciar su implementación
flexible, dinámica y creativa a cada contexto de ejecución, de conformidad con
los procesos que ejecuta el MINSAP y sus marcos regulatorios. 9
-
La coordinación de
acciones formativas mediante el protagonismo de todos los agentes
socializadores de la comunidad universitaria.
-
El necesario rol
protagónico de todos los agentes formativos, que integran sus influencias no de
modo parcial y segmentado, sino con total intencionalidad en todos los órdenes.
-
El despliegue del
trabajo desde un pensamiento flexible y proactivo, capaz de comprender que no
hay valores centrales y secundarios, valores del currículo y de la institución,
sino valores de la sociedad y su proyecto socio-político, que se asumen en un
sentido de totalidad.
-
El alcance de un verdadero
compromiso social, capaz de expresarse de modo armónico en la proyección
personal de cada egresado en lo profesional y ciudadano.
Estos elementos
confieren a la construcción de la integralidad, como suma y compendio de la construcción
de los valores, un sentido holístico en la formación profesional, como defiende
Fuentes González. 10
Cuarta tesis: la formación
profesional es una orientación
educativa para atender a la diversidad en la universidad y construir sólidos
valores humanos y profesionales.
Lo que se necesita articular es un sistema de trabajo que parta de captar, orientar,
controlar y evaluar de forma individualizada, creativa e intencionada al estudiante. Para ello es necesario estructurar un sistema
de influencias formativas que integre estímulos a la naturaleza, las cualidades
y la actividad humanas, como ejes para desarrollar la capacidad transformadora
que es inherente a su misión socio-profesional.
Esta misión
solo puede articularse desde un sólido trabajo curricular, si tomamos en cuenta
que el currículo es
un proyecto educativo que se define en términos de pertinencia social, calidad
curricular y buen desempeño profesional. 11
Todo
desarrollo curricular implica un complejo proceso de cambio en el seno de las instituciones
formadoras y de salud, en la que se confronten concepciones filosóficas,
científicas, pedagógicas y políticas, donde las nuevas estructuras diseñadas
modifiquen las relaciones entre los grupos que interactúan dentro y fuera de
ellas, y esencialmente entre los profesores y los educandos.12
En esta lógica integradora, los
valores se articulan de conformidad con una lógica
para la integralidad que se expone en la Figura 1, para esclarecer cómo diversas problemáticas apuntan hacia los complejos procesos
en que la apropiación de la cultura se desarrolla en las universidades con una
intencionalidad formativa, que tiene su génesis en la actividad humana y se
desarrolla en procesos de construcción de significados y sentidos, dinamizados
en la contradicción entre la intencionalidad y la sistematización formativas,
que se sustentan en la relación dialéctica entre la naturaleza humana y su
capacidad transformadora. 10
La lógica de estas relaciones adquiere dimensiones
holísticas en la universidad y revela la necesidad de articular los procesos
universitarios desde su papel formativo, cualquiera que sea su especificidad en
el sistema de trabajo.

Fig. 1 Integralidad de la formación 10
El análisis conduce a la necesidad de
precisar: ¿de qué forma concebir entonces un proceso de tal magnitud en la
universidad contemporánea?
1.
Es preciso que el proceso docente-educativo sea
integrado e integrador, en el sentido de que se ejecuten desde lo curricular,
lo investigativo y lo extensionista todas las acciones que convergen en la
formación integral del estudiante; para lo cual la unidad de lo
cognitivo-procedimental-actitudinal es una importante clave didáctica.
2.
El ejemplo orientador del profesor tiene que
servir como pivote de la construcción valorativa y estímulo a la integralidad,
desde su capacidad para motivar la inclusión participativa del estudiante en
todas las actividades formativas que se ejecutan en la brigada estudiantil, con
la fuerza de su propia entrega personal a la concreción de los proyectos de vida
y educativos en que individuos y colectivos hacen suyos los ideales de
transformación social.
3.
Hay que avanzar en la ruta crítica de la
ciencia a la conciencia por la actuación, de modo que en la construcción de
la personalidad profesional se fusionen teoría y práctica en la realidad de la
vida, la conducta, el comportamiento y el trabajo de cada sujeto social.
4.
Este proceso y su sistema de trabajo necesitan
de la pertinencia, flexibilidad y trascendencia que caracterizan a la dinámica
de la formación profesional y la construcción de valores en la universidad,
para lo cual el concurso de todos los factores de formación resulta vital.
Quinta tesis: el sistema de preparación para la integralidad tiene que
expresar la esencia del trabajo axiológico universitario.
La clave está en articular todos los procesos universitarios como una perspectiva
formativa para la integralidad. Resulta válida la apelación de Fidel Castro al reclamar que: “Al estudiante de ciencias
médicas se le exigirá siempre calidad científica, calidad humana y calidad
revolucionaria.” 13
Ello supone:
-
trabajo coordinado de
todos los agentes socializadores de la comunidad universitaria.
-
acciones intencionadas
con un permanente contenido orientador.
-
atención
individualizada a cada estudiante.
-
formación de una
cultura de la integralidad.
Lo anterior implica, desde lo
académico, develar la capacidad para alcanzar
resultados formativos que certifiquen una actuación profesional competente. Construirla paso a paso es su desafío. Desde el componente científico, el trabajo se
orienta para que el profesional sepa
investigar y socializar productos de ciencia en el campo en que se forma, lo
que implica estimular la actuación en
la producción científica en su medio.
Desde lo
sociopolítico, con clara intencionalidad ideológica, la formación integral debe
promover de modo conveniente
una conciencia de la actividad socio-política. En la convocatoria y
participación activa en todos los aspectos de la vida de la comunidad
universitaria descansa la arquitectura
integral de la construcción de egresados con calidad científica, humana y
revolucionaria.
A su vez, en su faceta
extensionista, la integralidad se construye desde la
participación estudiantil que cobra significado social en cada tarea que
permite a la Universidad promover cambios en su entorno comunitario, lo que
confiere valor al activismo social. Son aspectos básicos para
potenciar el componente extensionista:
-
El despliegue de
formas dinámicas de trabajo productivo y social en la atención a procesos
sustantivos de la universidad y su relación con la sociedad, desde la praxis de
una atención sociocultural a la salud de individuos, familias y comunidades.
-
Los aportes de las intervenciones sociocomunitarias en
la promoción de salud como evento sociocultural.
-
La participación en actividades extracurriculares de
diverso género formativo, lo que comprende tanto el desarrollo de aptitudes
artísticas y deportivas, como el desarrollo integral de la personalidad
profesional como exponente de cultura general integral.
-
La atención integral al becario desde la
operacionalización y participación en programas integrales de salud, de
recreación sana y de educación cívica y ciudadana.
Al perseguir como
resultado que cada egresado de la educación médica superior sea un profesional
con toda la calidad científica, humana y revolucionaria -vale decir
transformadora-, que demanda el proyecto social socialista cubano, en tanto
expresión del mejor fruto de la cultura de las profesiones, la urgencia que se
enfrenta es cómo perfeccionar la labor educativa, desde sus referentes
pedagógicos, didácticos, político-ideológicos y axiológicos, para convertirla
en mejor plataforma de construcción de valores en cada universidad. Para
ello sirve como advertencia la frase de
Fidel Castro de que: “Una
revolución [una transformación,
n/a] solo puede ser hija de la cultura y de las ideas”. 14
CONCLUSIONES
Para la educación superior cubana y en especial
para sus universidades de ciencias médicas, cualquier esfuerzo encaminado a la
educación en valores en los estudiantes deberá realizarse sobre bases
científicas sólidas que posibiliten alcanzar los objetivos propuestos; es por
ello que, teniendo en consideración el carácter multifactorial de los
valores, se requiere considerar los
fundamentos teórico-metodológicos que los sustentan desde el punto de vista
filosófico, sociológico, psicológico y pedagógico.
La educación en valores
es un proceso sistémico, pluridimensional, intencional e integrado que
garantiza la formación y el desarrollo de la personalidad de forma integral y
consciente y en el nivel superior se concreta a través de lo curricular, lo extracurricular
y en toda la vida universitaria; para lo cual deberá considerar los
requerimientos metodológicos generales para diseñar acciones de educación en
valores sobre la base de los fundamentos teórico metodológicos existentes, que
apuntan a la integralidad del egresado como su resultado óptimo.
La solución del problema de la integralidad, como parte de la formación
de los profesionales, es una responsabilidad de todos los agentes educativos en la universidad.
La capacidad de desarrollar un pensamiento formativo flexible y comprometido, crítico y asentado en la construcción de valores como el mejor recurso para promover desde la Universidad la integralidad como medida de la estatura de un profesional, corresponde a todos los factores de la institución, que por excelencia es un gran laboratorio de ideas
REFERENCIAS
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Delors
J. La educación encierra un tesoro. París: Ediciones UNESCO; 1995.
2.
Gallardo López T. La educación en valores en la formación
del profesional. Villa Clara: Universidad
Central “Marta Abreu”. Facultad de Educación a Distancia; 2007.
3.
Fabelo Corzo JR. Los valores y sus
desafíos actuales. La Habana: Ed.
Ciencias Sociales; 2003.
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Recibido: 16 de
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Aprobado: 23 de diciembre de 2013.